El país de las maravillas
Blog de opinión.
Thursday, August 12, 2010
¿Condenados?
Thursday, July 15, 2010
¿Shampoo? No gracias.
El criterio que usualmente uno aplica para calificar la peluqueada es si al final se nota que uno se peluqueó o no. Si uno se encuentra con alguien y lo saludan con un “¿se peluqueó?”, empezamos mal, pero si antes de saludarlo se comienza a dibujar una sonrisita en la cara de su conocido, apague y vámonos. La ‘sonrisita’ es un indicativo inconfundible de que van a ser necesarias un par de semanas de aislamiento para soportar el golpe. Ese es el único punto positivo del asunto, que el pelo crece, y en la mayoría de los casos al cabo de unas cuantas semanas uno está como si nada. Esto no quiere decir que por eso el momento sea menos pavoroso, pero de alguna manera toca consolarse.
Como podrán adivinar por los párrafos anteriores, me tocó ir a peluquearme hoy. Que vaina. Además aquí en Ginebra da aun más rabia porque el ‘chiste’ no baja de 40 dólares. Y primero rapado que pagar 40 dólares. Pero no. No me rapé. Hay otras soluciones, que aunque arriesgadas, pueden dar buenos resultados, y al final siempre queda la opción de la rapada. La primera opción es buscar la ayuda de un ‘amateur’, llámese mamá, papá, novia, tía, amigo, o quienquiera que se aventure a convertirse en peluquero por un día. Confieso que esta opción me da miedo, y más si se trata de un primíparo en la materia. La segunda opción es acercarse a una escuela de peluqueros, que a diferencia de otros lugares del mundo acá en Ginebra no son gratuitas, pero si presentan una mejora considerable en la tarifa comparado a una peluquería normal.
Y bueno, para no hacer la historia más larga, me fui como quien no quiere la cosa, y llegué a la tal escuela. Para que se imaginen el lugar, usted llega a un edificio y hay una tienda de ‘Comercio Justo’ en el primer piso, y un aviso promocionando la escuela, sus tarifas, e indicando que esta queda en el segundo piso. Sube por lo que parece unas escaleras de un edificio de apartamentos y entra al local, en donde el promedio de edad de las y los peluqueros/estudiantes no pasa de los 22 años, y el de las clientas (porque todas eran mujeres) no baja de los 60. Fue en ese momento que comencé a entender por qué los hombres y las mujeres tenemos experiencias tan disimiles en las peluquerías. De 10 estudiantes que estaban trabajando simultáneamente, solo uno estaba peluqueando a un hombre, y ese hombre era yo. Aunque solo estuve en el sitio alrededor de una hora, deduzco que el peluquero promedio estudia (y probablemente ejerce) el 90% de su tiempo en mujeres. Evidentemente esto explica la gran proporción de hombres infelices luego de sus visitas a la peluquería.
Me tocó esperar unos 15 minutos, y alcancé a hacerme una idea mental de quién quería que me cortara el pelo, y quién no. Hubiera preferido a alguna de las estudiantes, que eran mayoría, y que estaban ocupadas en ese momento. Por lo menos se veía que algo de experiencia tenían. Entre ellas, un personaje alto y flaco corría de un lado a otro pasándoles los instrumentos necesarios a sus compañeras. Un tipo visiblemente torpe, al que aparentemente tenían ocupado para evitar que fuera a cometer el asesinato de alguna cabellera desprevenida. Creo que lo que sucedió en ese momento fue que nadie se desocupó. O eso o el profesor decidió que si llevaba 20 minutos esperando en una escuela lo que yo quería era donar mi tiempo (y mi pelo) a algún estudiante desaventajado, y fue así como me clavaron al personaje. ¿Y uno que hace? Ni modo de salir corriendo. De todas maneras, en dos semanas no se iba a notar. O por lo menos eso era lo que quería creer en ese momento.
Comienza la aventura y el personaje no me ha dirigido la palabra. El profesor viene, le da unas cuantas indicaciones, y se va. Desde que el tipo me acomoda, se nota que no se tiene nada de confianza. Es como cuando un jugador de fútbol se acerca a patear un penalty y desde que uno le ve la cara sabe que eso va para afuera. Esa misma cara de susto tenía este personaje. En los primeros cinco minutos, el personaje ya había dejado caer las tijeras dos veces. Y nuevamente, ¿uno que hace? El profesor entretenido con las otras estudiantes, y el personaje haciendo de las suyas en la parte de atrás de mi cabeza que yo no podía ver. Ahí es que uno comienza a maldecir el momento en que se le ocurrió la ‘brillante’ idea de venir a este maldito lugar. Que había otra escuela igualita al lado, que hubiera llegado más temprano y seguro me hubiera tocado con alguien mejor, que porqué no me aguanté otras dos semanas, que yo que había venido para evitar a los primíparos y preciso.
Bueno total, lo hecho, hecho está, y ahí estaba yo deseando profundamente que todo acabara rápidamente. Por lo menos, aun conservaba mis orejas intactas. Al final, el profesor se acerca y hace los retoques finales. Sentí un poco de miedo nuevamente cuando el personaje sacó la cuchilla, pero la verdad fue que no duró mucho tiempo. Hemos terminado. Conclusión: Menos grave de lo que parecía en un principio. Pronóstico: Una semana de recuperación. ¿Shampoo? No gracias, solo quiero irme… y antes de que me diera cuenta, pim-pam-pum, se acabó.
Monday, May 31, 2010
Diez consideraciones de la jornada electoral en Colombia
1. Las encuestas están muy lejos de representar la realidad nacional, y deben ser replanteadas.
2. Es previsible que el actual clima de polarización interna se mantenga, al igual que las malas relaciones con los vecinos.
3. Mockus fue incapaz de capitalizar el impulso inicial, perdió votos hacia el Polo y luego hacia Vargas Lleras, y con esto quedó sin ninguna opción para la segunda vuelta.
4. Vargas Lleras se demoró mucho en reaccionar, pero queda muy bien parado hacia las próximas elecciones. Desde ya se perfila como el principal contendor a la reelección de Santos.
5. Una vez electo, Santos va a intentar desligarse de la imagen y el estilo de Uribe. Ojalá lo logre, ya que no fue capaz de hacerlo durante la campaña. Luego de lo que me pareció una mala elección de su vicepresidente, quedamos a la expectativa de ver cómo va a formar su gabinete.
6. Arias es un personaje nefasto dentro del Uribismo, y uno de los mayores promotores de la elevada polarización interna. Ojalá no tenga cabida en el nuevo gobierno. Interesante mandarlo a una embajada en donde no pueda hacer mucho ruido.
7. Aunque la participación fue alta, continuamos con niveles de abstención importantes. Es preocupante que ni siquiera la presencia de varios candidatos buenos, y la alta exposición mediática de una campaña que se presentaba reñida motivó a la gente a salir. A pesar de los logros del actual gobierno, una gran parte del país sigue siendo indiferente a cuestiones políticas.
8. Los grandes perdedores de la jornada son el Partido Liberal y el Partido Conservador. Sus respectivos candidatos se ubicaron último y penúltimo, y estuvieron cerca de no conseguir el umbral del 4%.
9. Con los resultados en la mano cabe la pregunta, ¿Era necesaria tanta propaganda truculenta? Me queda el mal sabor de muchos comentarios en las redes sociales y en los foros, además de algunas columnas de opinión, orientados únicamente a tergiversar información, desorientar al electorado y causar miedo injustificadamente. El Uribismo tenía una base importante, y hubiera podido defenderse con argumentos más que con ataques.
10. Finalmente, vale la pena resaltar que como país tuvimos la fortuna de asistir a una elección con 6 candidatos excelentes, y seguramente cualquiera hubiera tenido un desempeño más que satisfactorio en la presidencia. En temas importantes, muchas propuestas tendían a la convergencia más que a la divergencia, lo que nos dice que hasta cierto punto hay consenso acerca de lo que se debe hacer. Luego de la incertidumbre generada por el referendo, en un periodo que me parece un poco oscuro, Colombia da ejemplo en términos de democracia. Que tomen nota los vecinos.